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LA MORENICA
La venerada Imagen de Nuestra Señora de las Virtudes está tallada en madera y tiene 87 centímetros de altura original, o sin el manto y corona; con ambas manos sostiene al niño sobre el costado derecho del pecho, al que está unido. El color del rostro de la Imagen es moreno, como lo son muchas de antiguo origen. El semblante de la Imagen de María de las Virtudes es dulce, apacible, bondadoso; respira ternura e infunde fe y esperanza en el pueblo que la venera y la llama su Morena o Morenica, y es tan constante y visible la protección que viene dispensando en Villena desde que esta ciudad la eligió Patrona y Abogada que sería difícil y por demás prolijo enumerar los hechos que lo prueban. Entre ellos podría contarse la desaparición de la peste desde el momento en que sacó la Imagen de la caja misteriosa en la Fuente del Chopo, y el hecho, siempre notado, de no haber reaparecido ya ni cebándose en Villena, como en otros puntos cercanos, alguna enfermedad contagiosa. La piedad de los hijos de Villena atribuye a la venerada Imagen de su augusta Patrona innumerables milagros y hechos prodigiosos. Pero como mientras la Iglesia no les dé su sanción, no deben admitirse canónicamente, por lo que nos vamos a centrar en los principales que la tradición ha recogido, sin hablar de la prodigiosa multitud de acontecimientos, en los que la Santísima Virgen ha dado resultados maravillosos, como son la curación de enfermos desahuciados, la desaparición de grandes calamidades, y otros hechos por el estilo, de los que dan fe la multitud de objetos presentados como exvotos y que se ven en gran número en algunas capillas del monasterio. La historia cuenta que en la primera mitad del siglo XVIII, apareció en la Ciudad de Murcia la enfermedad, conocida como la peste, en dos distintas ocasiones. El azote llegó a tal extremo, que la ciudad estaba aterrada por la cantidad de gente que estaba muriendo; y con el fin de implorar el socorro del cielo, el Cabildo eclesiástico de aquella ciudad pidió a Villena una reliquia de la Virgen de las Virtudes, y con tal motivo Villena envió a Murcia, que entonces era su capital, una manga del vestido de la venerada Imagen de las Virtudes, y en cuanto la reliquia llegó a la ciudad, cesó la enfermedad que a todos tenía desolados; y como muestra de gratitud por tan grande beneficio, el referido Cabildo eclesiástico se obligó con voto perpetuo a conceder para el culto de la Imagen una parte de sus diezmos, como así lo refiere el Doctor don José Martínez Pardo de la Casta, en el panegírico que hizo a la milagrosa Imagen en septiembre de 1752. Cuéntase asimismo que, hallándose en una Ciudad de América un soldado, hijo de Villena, alojado en una casa, supo que el dueño de ella, estaba desahuciado de los médicos por causa de una cruel enfermedad que padecía. El soldado trató de consolar al enfermo; le habló de su Patrona la Virgen de las Virtudes, y aun le aseguró, con la sencilla fe del verdadero creyente, que si se encomendaba a dicha Señora, cuya estampita llevaba consigo el soldado, recobraría enseguida la salud. El enfermo tomó la estampita que le enseñaba el soldado, y arrugándola con los dedos, formó una bolita y se la tragó. En seguida se tranquilizó y quedó profundamente dormido, lo que no había podido conseguir en mucho tiempo. Cuando despertó, se encontró libre de la enfermedad, y contó que había visto la Imagen de la Virgen de las Virtudes colocada en un trono, con los mismos cuadros y los mismos objetos que la Imagen tenía y tiene en su Iglesia; y el soldado reconoció la exactitud de los hechos que relacionaba aquel caballero, sin haber estado nunca en el monasterio, ni haberle contado lo que en él había. El caballero agradecido por el milagro que la estampita del soldado había obrado en él dándole la salud perdida, envió a Villena un riquísimo vestido, manto, listado de oro y plata, que se conserva entre las alhajas de la imagen con el nombre de "Manto de las Indias". Desde los primeros años de la aparición de la Imagen, el monasterio estuvo constantemente visitado por una multitud de personas que, iban a Villena, buscando la salud por intersección de su Patrona, lo cual prueba que no son infructuosas las oraciones dirigidas a la reina de los cielos, por mediación de su venerada Imagen de las Virtudes. La Imagen de la cual hablamos, tenía en otros tiempos multitud de alhajas, que los fieles ofrecían como muestras de gratitud con que respondían a los beneficios que habían recibido. En la actualidad no existen muchas de aquellas alhajas, porque con el tiempo todo se acaba. Pero todavía le queda una corona de plata (la que porta en la imagen en la que se encuentra con el manto verde) sobredorada con piedras preciosas, y un rostrillo de igual metal para la Virgen y otro para el Niño, que regaló un patriarca romano. Tiene veintidós sortijas de oro con diamantes, varias cadenas del mismo metal y otras joyas de más o menos valor. El Niño tiene varios caracolitos, campanillas y otros dijes, ofrecidos por niños que han estado a punto de morir y que han debido su salud a las oraciones dirigidas a la Virgen. También está la rosa de oro y plata que José Zapater y Ugeda (autor de un libro del que está sacada la información de este trabajo) tuvo en un certamen literario en el año 1882. Los mantos que tiene la Imagen son:
La Virgen cuenta con un estandarte de alama de plata y un palio de la misma clase, ambos bordados en oro. La preparación de la coronación de la Virgen fue muy meticulosa y eficaz. El día 1 de Septiembre de 1921, apareció en Villena un Boletín titulado: La Corona Órgano de la Coronación Canónica de Nuestra Señora de las Virtudes, con carácter mensual, que salió a la luz durante 23 meses. En el boletín del día 1 de Enero del año 1923, aparecía la siguiente nota: "1923, éste será el año más glorioso de nuestra historia. El año en que Villena contemplará, Dios mediante, el acontecimiento más grande que jamás ha presenciado: la Coronación Canónica de su Patrona la Santísima Virgen de las Virtudes.". La corona era de oro y tenía engarzados diamantes, rubíes y otras piedras preciosas. Los amantes de la Virgen se "volcaron" materialmente regalando joyas y objetos de oro y plata. La Virgen fue coronada el día 6 de Septiembre de 1923, el acto tuvo lugar en la Puerta Almansa, donde se había instalado la tribuna. Actuó en la ceremonia el Obispo de Cartagena, y la homilía estuvo a cargo del Obispo de Jaca. Después de esta ceremonia se celebró una procesión-romería con antorchas por las calles de Villena.
La tradición sobre la aparición de la imagen de Nuestra Señora de las Virtudes, venerada como Patrona de Villena, cuenta que, en el año 1424, la ciudad se vio afligida de una enfermedad que los naturales conocían como la peste. Esta calamidad llegó a ser tan terrible que los habitantes de la ciudad morían en gran número al poco tiempo de ser atacados, como si las paredes de las casas y el aire que se respiraba estuviesen saturados de veneno. Y en medio de tanta desolación, los habitantes de Villena abandonaron la ciudad y se trasladaron a los campos y montes vecinos, huyendo de la muerte que tan cruelmente les perseguía. La mayor parte de los vecinos se trasladaron a un cabezo o montículo que existe a una legua de distancia, al Oeste de Villena, junto a un manantial de agua denominado la Fuente del Chopo. Allí se construyeron barracas para habitar, pero la enfermedad no por eso les abandonó, pues el azote de la peste les perseguía hasta aquel sitio con más crudeza que en Villena, por causa tal vez de las emanaciones palúdicas de la laguna que entonces había entre el montículo en el que se estaban alojando y la cordillera de cabezos llamadas de San Bartolomé, que existe entre la mitad del camino, entre Villena y la Fuente del Chopo, actualmente reducida a cultivo casi toda su extensión. En medio de la creciente aflicción que embargaba el ánimo de los hijos de Villena, por causa de la peste, pensaron en elegir un Santo por Patrono de la Ciudad, a quien acogerse en sus aflicciones. Admitido el pensamiento por toda la población y congregadas las autoridades eclesiásticas y civil, señalaron un día para hacer elección de Patrono con toda la solemnidad que el caso requería; y al efecto, reunidos todos los habitantes de la Ciudad con las autoridades, en el día señalado, se escribieron muchas cédulas con los nombres de los Santos y Santas que tuvieron por conveniente los presentes. En seguida, las cédulas fueron introducidas en un cántaro, y en presencia de las autoridades y del pueblo, un niño metió la mano en él, y sacó una cédula, que entregó a la Autoridad que presidía el acto, y ésta leyó con sorpresa para todos: Nuestra Señora Santa María de las Virtudes. Como antes de introducir las cédulas en el cántaro se habían leído todas, una por una, y nadie había oído semejante título, a todos maravilló; y por si acaso aquella cédula se había introducido entre las demás furtivamente, la separaron y repitieron la operación. Por segunda vez, el niño sacó otra cédula con el mismo nombre de Nuestra Señora Santa María de las Virtudes. Visto el prodigio, las autoridades y el pueblo resolvieron que se repitiera por tercera vez la operación, separando aquella cédula y sacando otra, después de haber examinado las que había dentro del cántaro, para que, si volvía a salir el mismo título, se adoptase como Patrona a Nuestra Señora de las Virtudes, aun cuando esta advocación les era completamente desconocida hasta entonces. Efectivamente se volvieron a leer las cédulas existentes, y después de cerciorarse de que no había ninguna con aquel título, se volvió a repetir por tercera vez la operación, y por tercera vez salió el nombre de Nuestra Señora Santa María de las Virtudes. Ante tan manifiesta voluntad del Cielo, los villenenses (villeneros) tomaron como Patrona a la Madre de Dios bajo aquella advocación. Elegida la Patrona, la Ciudad, acordó procurarse una Imagen de la Virgen con aquel dulce título, y trataron de averiguar si con él recibía culto en alguna parte la Santísima Virgen María, pues los villenenses ignoraban la existencia de aquella advocación, y que con ella honraba y veneraba el pueblo cristiano a la augusta Esposa del Espíritu Santo. Efectivamente, en el siglo XI, en que floreció el Cid Campeador, ya era conocido el título de Nuestra Señora de las Virtudes, pues según se lee en la Crónica de aquel guerrero, cuando se vio libre de las guerras de los moros y se retiró a Valencia, fundó nueve parroquias, y a la que estaba más cerca de su alcázar le dio el título de "Santa María de las Virtudes", cuyo templo fue después Catedral. También dice la crónica del Cid que doña Sol, hija de éste, recibió la bendición nupcial en dicho templo, y que en el mismo se hicieron los funerales de aquel famoso guerrero cuando murió en 1136. Asimismo debemos consignar, que en dicha Iglesia, una de la más antiguas de Valencia, existe desde inmemorial un altar dedicado a la Virgen de las Virtudes, y que el culto de nuestra Protectora con esta advocaciones antiquísimo, como lo justifican los hechos anteriormente citados. La Ciudad, reunida en la Fuente del Chopo, ordenó que dos individuos saliesen por pueblos y ciudades en busca de la Imagen de Nuestra Señora de las Virtudes, y que se procurasen de traer una copia de ella para rendirle culto en Villena. Los dos individuos salieron, y todavía no se habían alejado mucho de la Fuente el Chopo, cuando vieron venir hacia ellos dos jóvenes peregrinos, según sus trajes indicaban, llevando una caja entre los dos. Al acercarse a los de Villena, y después de saludarse, preguntaron los villeneros a los desconocidos, que quiénes eran y qué llevaban en aquella caja. A esto los peregrinos le contestaron –Somos extranjeros y llevamos una Imagen de la Virgen de las Virtudes que deseamos vender, para regresar a nuestro país–. Fácil es de comprender la alegría y sorpresa que a tal contestación experimentaron los delegados de Villena. Éstos les manifestaron a los dos peregrinos el objeto de su misión, y después de felicitarse mutuamente los cuatro, se dirigieron a la Fuente del Chopo con la caja que contenía la Imagen deseada. Cuando los habitantes de las chozas vieron llegar a los comisionados, salieron rápidamente al encuentro, preguntándoles el motivo de su pronto regreso sin Imagen de la Patrona Elegida, y en la que el Pueblo cifraba su esperanza en medio del azote de peste que tanto les agobiaba. Los enviados dieron cuenta del feliz encuentro que acababan de tener; y la admiración igualó a la alegría que todos experimentaron, contemplando lo milagroso del caso. En seguida rogaron a los dos mancebos que abriesen la caja, ésta se abrió, y todo el pueblo adoró la preciosa Imagen que llevaba al Niño sobre el brazo derecho (circunstancia no vista en otra Imagen de María), parecía mirar con ojos de Madre cariñosa al pueblo que con tanto afán la deseaba. Trasportados de alegría los villenenses, preguntaron a los desconocidos peregrinos el precio de la Imagen, pero en el acto desaparecieron, y el pueblo los consideró como enviados del Cielo para calmar con el feliz presente de la Imagen, la amargura que la calamidad de la peste había derramado en todas las familias, pues no había una siquiera que no tuviese que llorar la perdida de alguno de sus miembros, o que no esperase sufrirla dentro de poco. Pero en cuanto se descubrió la Imagen, cesó la peste y concluyó la calamidad que tanto afligió a Villena.
La Ciudad de Villena es célebre en la Historia, y en la antigüedad debió de ser población de grande importancia, como lo prueban la extensión de su distrito y término municipal, y los restos que quedan todavía de sus castillos y fundaciones, signos indudables de una preponderancia que debió de ser notable. La Historia habla de ella como de una población que a veces llamaba fuertemente la atención especial de los monarcas, bien fuese por el sitio que ocupa, pues precisamente está enclavada en el límite de los reinos de Castilla y Aragón, bien por el número de sus habitantes, o por otra causa que se desconoce. También se ha hablado mucho sobre su distinta situación y diferente nombre de los tiempos antiguos; pero esto no está justificado, ni tampoco otras opiniones sobre las pretendidas analogías entre el nombre de Villena y el de alguna otra población que se halla situada muy distante del lugar que aquella ocupa. En el año 1240, el Infante don Fernando con los caballeros de Calatrava, y en reunión de don Pedro Cornel, don Artal de Luna y don Rodrigo de Lizana, combatieron a Villena, y después de haberla cercado algunos días levantaron el sitio, porque los moros consiguieron incendiar las maquinas de guerra de los sitiadores, y mataron algunos de los cristianos que la guardaban. Años más tarde, en 1248, don Jaime I de Aragón tuvo a Villena y a Sax de poder de Comendador de Calatrava, y que en 1251, el Infante don Alonso tuvo una entrevista con su padre cerca de Villena, en la que se concertó la restitución al Infante de varias poblaciones, siendo en Villena una de ellas. Posteriormente, en 1722, un apoderado de dicha ciudad, sostuvo que después de ser conquistada a los moros en 1242, Villena fue poblada de gente noble y gobernada por nobles. Sin negar su justo valor a la nobleza heredada, puede asegurarse, en verdad, que no siempre se vinculan en ella las cualidades que constituyen la verdadera nobleza, porque no siempre suelen heredarse la bondad, la rectitud, la grandeza del alma, la fortaleza del corazón, la dignidad en pensamiento y obra, y el amor a la verdad con que han procedido muchas veces los que, sin haber nacidos nobles, han llegado a serlo por sus hechos. Mas como cada siglo tiene sus preocupaciones, alguno de los pasados tenía la de que solo los nobles de raza, podían ejercer bien los cargos públicos: pero la historia se ha encargado de desvanecer tan gratuito agravio. En los tiempos de la reconquista, Villena no era más que una villa; pero en 1525, el monarca y doña Juana su madre, le dieron en título de Ciudad, en recompensa de los servicios que los hijos de Villena prestaron a los Reyes Católicos en la reconquista de Granada, y por la parte que tomaron en la empresa para reducir a la obediencia de las ciudades de Orihuela, Alicante, Játiva y la villa de Alcira. Actualmente, Villena, puede presumir con fundamento, que desde los tiempos más remotos, su población ha sido importante bajo el punto de vista político, como lo justifica su situación topográfica, su derruidos castillos de la Atalaya, Salvatierra y Castelar, inmediato al Convento de las Virtudes, y los títulos honoríficos unidos a su nombre (por ejemplo: en 1707 el nieto de Luís XIV la recompensó, llamando a Villena ejemplo de lealtad, y le dio los títulos de muy “Noble, muy Leal y Fidelísima” unidos a su escudo, compuesto de un castillo con león, espada, una fuente con peces, una ala y varios pinos), que ha sido notable bajo el punto de vista religioso y social, lo dice su antiguo Hospital, su ya desaparecido Hospicio, su Casa de la Ciudad, los diferentes escudos nobiliarios que se conservan todavía sobre las soleras de muchas casas, sus fundaciones piadosas, cuyos restos sagrados recuerdan todavía aquellos siglos de fe, en los que los corazones de los que amaban y creían, se gozaban honrando los nombres de sus Santos Tutelares, y les dedicaban dentro de la ciudad, templos tan nobles como los de Santiago y Santa María; capillas y ermitorios tan importantes como la Congregación, San Sebastián y San José; Conventos tan capaces como el de Religiosas de la Santísima Trinidad, hoy existente, y el de religiosos de San Francisco, hoy en parte estación del ferrocarril de Madrid a Alicante, edificios modernos, y el resto un montón de escombros; y en las afueras y campos del término, ermitas como las de Santa Lucía, Santa Bárbara, San Benito, San Bartolomé, San Bernabé, Convento de Santa Ana y otras particularidades, de las que ya han desaparecido muchas. Hoy no es menor la importancia de dicha ciudad, bajo el aspecto económico y social, pues tiene 35000 vecinos, es cabeza del partido judicial de su nombre, que comprende Villena, Biar, Sax y sus aldeas anexas; la Ciudad va ensanchando su perímetro por la falda del castillo de la Atalaya, con el barrio nuevo de Onil, y por la parte de San Sebastián y de la Losilla, cuyas antiguas y pesadas puertas han desaparecido, y traspasada por la línea férrea de Alicante. En el interior de la ciudad se han construido buenos y elegantes edificios, y se han reparado y hermoseado otros. Posee dos estaciones de las líneas férreas de Alicante a Madrid y de Villena a Alcoy, la que tendrá un ramal a Yecla. Tiene abundantes y saludables aguas; su suelo es feraz y produce en abundancia exquisitos vinos, aceites, cereales y toda clase de hortalizas, lo que, con su fábricas de aguardiente, ha contribuido mucho a su estado floreciente, gracias a la notoria laboriosidad y reconocida inteligencia de sus naturales, que no desperdician ninguno de los medios de aumentar el bienestar general con los adelantos de la industria y del comercio. Su fe religiosa, a pesar de los estragos que la impiedad y el descreimiento han hecho en el presente siglo, se mantiene firme, y los hijos de Villena creen, aman y esperan en la mediación de su santísima Patrona, siempre con entusiasmo creciente.
Obtenida la referida Imagen, determinaron los villenenses colocarla en un lugar decente, por lo que construyeron una ermita en el mismo lugar que hoy ocupa el santuario, y para edificarla, dispusieron de una calera, con la que bastó para construir el monasterio, tal cual hoy está. La construcción de la ermita tuvo lugar aproximadamente en 1490 – 91. Restablecida la tranquilidad en los ánimos con la desaparición de la peste, los Villenenses regresaron a la ciudad, dejando la sagrada Imagen en la ermita al cuidado de un ermitaño. Pero la devoción hacia la Imagen iba creciendo día a día por causa de la visible protección que Dios dispensaba a los villeneros por medio de la referida Imagen, por lo que la Ciudad determinó ensanchar el culto debido a su Patrona, ya que la ermita había llegado a ser un monasterio que podía contener una respetable comunidad; y en su consecuencia lo ocupó una comunidad religiosa de Agustinos de la provincia de Andalucía, reservándose la Ciudad el derecho de patronato sobre la Imagen y el monasterio con todos sus bienes, ornamentos y propiedades que entonces tenía y en lo sucesivo tuviese. Dicha comunidad permaneció en la ermita hasta el 27 de mayo de 1542, renunciando a todo derecho, acción y recurso, para que la Ciudad lo tuviese para sí e hiciese de él lo que tuviese a bien, como cosa propia. Como los Agustinos abandonaron la ermita, la Ciudad, se lo concedió a otra comunidad de religiosos propia de la Orden, pero de la provincia de Aragón, reservándose siempre el patronato con todos sus derechos como anteriormente habían hecho. El 25 de agosto de 1593, los religiosos Agustinos de la provincia de Andalucía se presentaron en el monasterio de las Virtudes alegando un derecho que no tenían, en virtud de la citada escritura de renuncia de 27 de mayo de 1542, se apoderaron de él y despojaron a los de la provincia de Aragón, habiendo mediado con este motivo actos de violencia, contra los que tuvo que intervenir la Ciudad por medio de su Ayuntamiento, y en su consecuencia se nombraron a unos regidores para que defendiesen los derechos de Villena. Con este motivo recurrió ésta al Real Consejo de Castilla y fue amparada otra vez en sus derechos de patronato que tenía sobre el monasterio y su dependencias. A consecuencia de la grande sequía que Villena está sufriendo en el año 1757, el Ayuntamiento determinó que la Virgen de las Virtudes fuese transportada desde el monasterio hasta la Ciudad, en rogativa para implorar la lluvia, y se señalo el 1 de Febrero para dicha conducción. Al efecto, se puso en conocimiento de la comunidad oportunamente, pero habiendo empezado a llover con abundancia la víspera del día señalado, y viendo el Ayuntamiento que por efecto de las lluvias no podía realizarse la procesión de rogativa, envió un propio al monasterio para que suspendiese la trasladación de la Imagen hasta nuevo aviso. El Prior le dijo al enviado que la comunidad estaba preparada para la trasladación, y que si la Ciudad quería salir a recibirla que saliese. En vista de esta contestación, el Ayuntamiento consideró vulnerados sus derechos de patrono, mucho más cuando vio que, a pesar del mal tiempo y del peligro que ofrecía el tránsito por un arroyo inmediato a la Ciudad, la Imagen fue conducida en galera de la ermita, a la Ciudad. En vista del creciente disgusto de todos los villeneros, la Imagen fue situada en la Iglesia de San Sebastián, pegada a la ciudad, y al día siguiente fue colocada en la Iglesia de Santiago, y se celebró en desagravio un novenario de sermones. La Comunidad Religiosa conoció que había obrado, al menos con precipitación y trató de remediar el agravio hecho a la Ciudad, prometiendo obligarse de nuevo a cumplir las capitulaciones que firmaron los religiosos aragoneses al tomar posesión de la ermita o monasterio; pero el Ayuntamiento presentó al Real Consejo de Castilla un enérgico recurso de queja, y esta Real provisión fue notificada al corregidor expresado, el cual acordó su cumplimiento y ejecución, y sin dilación pasó a verificarlo. Quedando, así, reconocido por tercera vez de manera solemne el derecho de patronato y administración a favor de la Ciudad de Villena.
La importancia que desde su origen ha tenido el santuario de las Virtudes, fue causa de que se nombrase un Mayordomo o Administrador para que incautase de las limosnas y donativos destinados al culto de la Imagen, en unión de un Regidor que nombraba el Ayuntamiento, para la defensa de todo lo concerniente al patronato de dicha casa, y desde entonces el cuidado de aquellos intereses ha estado a cargo del Mayordomo, hasta que, andando los tiempos, se creó la Junta administrativa, cuyo nombramiento hace el Ayuntamiento y recae en personas de reconocida piedad y celo a favor de los intereses que se relacionan con la venerada Imagen. La expresada Junta se encarga también, además de la recaudación de donativos, de acompañar a la Imagen cuando es trasladada desde el Santuario a la Ciudad y viceversa; y durante los días en que se celebran las fiestas religiosas, se colocan los individuos de aquella Junta en asientos especiales dispuestos en el templo, y cada día van dos o tres de ellos recogiendo en bandejas los donativos que se hacen para culto de la Patrona. El mayoral o Presidente de dicha Junta lleva cuenta minuciosa y detallada de todo cuanto se recauda y se invierte, así como de las alhajas y objetos que se ofrecen a la Santa Imagen. El monasterio está situado a una legua de distancia al Oeste de la Ciudad de Villena, en la falda del cerro o cabezo llamado de la virgen, a cuyo pie existe la Fuente del Chopo y manantial conocido entre los naturales con el nombre del Hoyo de la Virgen. El Santuario se compone de un edificio bastante capaz, cuya puerta principal mira al Este, a la que se llega por una escalinata de ocho gradas que da acceso a un patio, en cuyo interior hay una cisterna que tiene cuatro metros de profundidad, ocho de ancha y quince de larga. Los claustros del referido patio reciben la luz de veintidós arcos situados seis a cada lado a lo largo y cinco en cada uno de los lados más cortos. Delante de la puerta del Santuario hay una pequeña glorieta o parterre rodeada de un pequeño muro al que se sube por seis escalones, a causa de lo accidentado del terreno. En la fachada de la puerta principal hay dos ventanas que dan luz al piso bajo o habitaciones reservadas para el Ayuntamiento, y cinco balconcitos que dan luz al claustro del piso alto. La Iglesia está colocada entre los dos ángulos del claustro de la derecha, entrando por la referida puerta principal, y en los dos ángulos de la izquierda están las habitaciones o departamentos antes nombrados que se reservan para el Ayuntamiento; pero a veces sirven de hospedería cuando afluye mucha gente. En el centro de los dos ángulos que dan frente a la entrada principal del claustro, está la escalera que conduce al piso alto del Santuario, cuya escalera ancha y espaciosa tiene doce peldaños en su primer tramo, y al final de éste la escalera se divide en dos con seis gradas a derecha e izquierda. En el piso alto existen trece celdas bastantes espaciosas, y alguna de ellas tiene cocina en un piso un poco más elevado. La celda destinada para los individuos del Ayuntamiento tiene dos departamentos o dormitorios, independientes de una espaciosa sala con un balcón que da al gran patio de caballerizas. Una espaciosa despensa contigua al Santuario, ocupa el sitio intermediario entre las dos celdas indicadas, y además el Santuario tiene las dependencias indispensables en un establecimiento de esta clase. Detrás del claustro, que da frente a la puerta de entrada, hay un corredor interior, en el que se conserva todavía el antiguo refectorio, contiguo a un corralito, que en algún tiempo debió de ser jardín, y por el que se sale a pie llano al monte o cabezo antes mencionado. Los claustros del piso alto reciben la luz por 12 balcones que dan al patio, colocados tres por cada lado. En la parte inferior del edificio existen espaciosas cuadras para las caballerías y carros, que a veces se reúnen en aquel sitio en gran número, y algunas habitaciones bajas que ocupan colonos y trabajadores de campos inmediatos. La iglesia del Santuario es bastante capaz: el altar mayor está compuesto de dos partes; la inferior, de cuatro columnas de orden jónico, dos a cada lado; y en la parte superior, otras cuatro columnas de orden corintio coronadas por un triangulo en medio del arco central, que es de orden itálico, con una línea de ángeles. La nave está separada del claustro, antes descrito, por unas columnas unidas por arcos aplanados, teniendo los dos primeros una escultura con intercalación de curda y cadena. En el lado izquierdo, hay siete altares o capillitas de orden corintio, cada una de las cuales está dedicada a un Santo, y son los siguientes: San Guillermo, San Agustín en traje de monje, Santa Rita, San Agustín en traje de Doctor y Santa Mónica. Enfrente del altar mayor y debajo del coro, hay otro altar dedicado a San José. También hay diferentes cuadros de gran valor artístico, entre ellos una al óleo de Murillo representando la Asunción de Nuestra Señora, y otro la aparición de la Santa Imagen. En el centro de la iglesia, sobre el techo, hay un fresco que representa la coronación de la Santísima Virgen, y en la capillita, antes citada, dedicada a San José, existe otro lienzo que representa la reforma de la Orden de San Agustín. En la Sacristía hay un San Agustín, al fresco, con la alegoría del Niño que está echando el agua del mar con una concha en un hoyo, o sea, la imposibilidad de explicar el misterio de la Santísima Trinidad, cuya pintura es de gran mérito. Las paredes de la iglesia se veían en otro tiempo cubiertas de objetos de cera y otras dadivas que representaban la gratitud de enfermos que habían recobrado la salud o conseguido alguna gracia, merced a la mediación de la augusta Madre de Dios, invocada con fe por medio de su Imagen. Hoy existen todavía muchos de estos presentes o exvotos en algunas de las capillas anteriormente referidas, y en la pared exterior que da al claustro, se ven algunos cuadros que representan acontecimientos milagrosos, en los que la piedad ha visto la intervención directa de la Venerada Patrona; cuadros en los que lo piadoso del pensamiento constituye toda la bondad de la obra.
El camarín es la parte más importante del Santuario. Es muy amplio, de orden barroco, construido a principios del siglo XVIII y fue inaugurado en Enero de 1983 con una solemne ceremonia. El camarín no se había retocado desde su construcción, pero como las personas no entendían del verdadero arte, le dieron varias manos de pintura, de manera que lo estropearon, por lo que hubo que realizar una restauración para volver a dejar en su primitivo estilo barroco, tal y como estaba cuando lo construyeron los Agustinos. En la parte inferior hay seis frescos que representan diferentes escenas bíblicas como:
Encima de la entrada al Camarín, se encuentra el escudo de Villena y encima de la salida el escudo de los Frailes Agustinos. Encima de ambos está el cielo, construido por dos Santos y una Santa:
En la parte superior, separando el cielo (los frescos) de las alegorías de la Nuestra Señora, se encuentran los cuatro evangelistas, que son:
A continuación formando la cúpula nos encontramos con las siete alegorías de Nuestra Señora, las virtudes teologales y cardinales que prestan homenaje y adoración a la Reina de todas ellas, María de las Virtudes, que son:
La cúpula tiene un adorno denominado “la eucaristía”. Para concluir, sobre el arco en cuyo centro está colocada la Venerada Imagen, hay cinco cuadros también al fresco representando varios misterios de la Concepción Inmaculada, que supone ser obra del mismo autor que trazó la indicada imagen de San Agustín, representando el paisaje a la orilla del mar. Estos frescos son los siguientes:
María reina del cielo y la tierra.
La fiesta celebrada en honor a nuestra Patrona son las Fiestas de Moros y Cristianos. Son una alegre eclosión de colores, de júbilo, de músicas, que llena las calles de nuestra ciudad durante cinco días en una multitudinaria representación de varios millares de personas que se visten de moros, estudiantes, guerreros, labradores... En Villena, las fiestas de Moros y Cristianos se celebran del 4 al 9 de Septiembre en honor a la patrona de la ciudad. Su origen está en 1474, cuando la Virgen de las Virtudes, abogada contra la peste, fue proclamada patrona de Villena. Su imagen fue colocada en un Santuario construido en 1490, a 5 km. de la ciudad, al que los ciudadanos hicieron voto de ir en romería dos veces al año, una en marzo y la otra el día 8 de Septiembre. La Fiesta se celebra del 4 al 9 de Septiembre y está estructurada mediante la participación de catorce Comparsas, siete de ellas pertenecientes al bando Moro y otras siete al bando Cristiano, compuestas cada una de ellas por varios cientos de participantes de ambos sexos. Las Fiestas de Moros y Cristianos actuales son el resultado de la fusión de tres fiestas diferentes: La Fiesta Patronal o elemento religioso que está representado por las procesiones, romerías y misas principalmente. En Villena es la fiesta más antigua, ya que data de finales del siglo XV; la fiesta militar o alarde. Es el elemento militar, cuyo origen está en la antigua Milicia del Reino, denominada después soldadesca, que participaba en la fiesta patronal ya desde el siglo XVII. El acto más representativo y espectacular del elemento militar de las fiestas es La Entrada, que consiste en un desfile en el que participan todos los festeros agrupados en Comparsas con magníficos trajes y a ritmo de marchas moras, marchas cristianas o pasodobles compuestos expresamente para las fiestas. En Villena, el elemento militar se añadió a la fiesta patronal muy pronto, a principios del siglo XVII y la soldadesca ya participó en las romerías en 1638. La Fiesta de Moros y Cristianos propiamente dicha o elemento histórico, que consiste en la lucha, arcabucería, embajadas, pérdida y recuperación de un castillo que simboliza la población, rememorando hechos históricos ocurridos durante la Historia de España. Está representado por les embajadas, guerrillas, alardes, desembarco, conversión del moro al cristianismo u otros actos similares. En Villena es el elemento más moderno de todos, ya que fue añadido a la fiesta patronal en el primer tercio del siglo XIX. A esto hay que añadir el elemento popular, común a todas las fiestas y con una fuerte proyección social, al ser el pueblo –festeros y espectadores– quienes masivamente la realizan para común regocijo.
Los ritos que se realizan ante Nuestra Patrona son:
Grafica de participación de todos los villeneros en las fiestas de Villena que se realizan en honor de nuestra Patrona Nuestra Señora de las Virtudes. En esta gráfica los festeros están divididos por comparsa a la que pertenecen. En esta grafica podemos ver los datos seleccionando el sexo del festero, e incluyendo los socios infantiles o niños, podemos ver que hay un 16% más de hombres que participan en las fiestas que de mujeres, esto se debe a la todavía vigente, en algunas personas, personalidad machista que existe en algunas personas. Lo que no significa que los hombres tengan más devoción por nuestra Patrona que las mujeres, ya que puede ser que esto ocurra al contrario. Observando las tres gráficas anteriores podemos observar que hemos dividido las personas que participan en las fiestas en tres grupos: las personas menores de 16 años, las personas mayores de 16 años y menores de 65 años, y por último grupo las personas mayores de 65 años. Con la visión de estas tres gráficas al mismo tiempo podemos observar que los festeros que más predominan son las personas comprendidas entre 16 y 65 años; mientras que a su vez podemos observar que los que menos predominan son socios mayores de 65 años. Hablando con una o varias personas de cada grupo me han comentado lo siguiente respecto a su participación de la fiesta:
Como podemos observar conforme va variando la edad, las personas van cambiando de opinión sobre las fiestas y la relación que tienen con la Patrona. Primero se piensa que se sale porque sale la familia; después se piensan que las fiestas son para poder divertirse y para coger borracheras durante los 5 días de fiesta; mientras que conforme avanza la edad se ve como la devoción va tomando más importancia que las fiestas.
La manera que tiene Villena de relacionarse, con el himno de la Morenica, es muy llamativo, ya que se utiliza para poder recordar a su Patrona en cualquier ocasión, estén o no en el Santuario. Por ejemplo, al terminar una boda, siempre se canta el Himno de la Morenica, para poder recordar, sea en la Iglesia que sea, a la madre de todos los villeneros; también cuando se realiza un concierto por alguna de las dos bandas que hay en Villena, la Banda Municipal o la Sociedad Musical Ruperto Chapí, como última pieza del concierto siempre tocan la Morenica; estas son algunas de las ocasiones en las que el pueblo de Villena canta la Morenica, y sobre todo, cuando se celebra misa en el Santuario, como colofón final todos los asistentes entonan el Himno a la más querida de Villena, a Nuestra Señora de las Virtudes. Trabajo cedido por Dña. CYNTHIA URBANO CAÑIZARES |
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